¿Sientes que si no das, no vales lo suficiente?
Te sientes mal cuando te piden algo.
Estás agotada o simplemente no te apetece porque llevas toda la vida dando, pero aún así ahí estás, priorizando a tu entorno.
Aprendiste que para ser vista debías dar, ser “la solucionadora”, “la sacrificada”, “la resolutiva”.
A mí también me costaba poner límites y ¿sabes por qué?
Porque cuando era pequeña, para que me vieran, me ofrecía a hacer lo que se me daba bien. Y no eran pocas cosas – es lo que tiene las altas capacidades– y supongo que la palmadita en la espalda me reconfortaba. Era el refuerzo positivo que necesitaba.
La trampa de dar siempre: cuando el agotamiento afecta a mujeres con Altas Capacidades
El problema es que con los años, has seguido siendo resolutiva, capaz de todo y cada vez lo eres de más cosas, porque nuestra curiosidad nos lleva a explorar nuevos y diversos conocimientos.
Ahora, cuando te piden algo, sientes cansancio, rabia, desesperación, intentas decir que no pero no lo aceptan.
Encima, no lo valoran.
Te oyes cosas como: “para una vez que te pido algo”, “venga, que eso a ti no te cuesta nada”, “si en nada lo tienes hecho”, sin tener en cuenta que tú ya llevas tu carga.
La raíz del problema: ¿Por qué nos cuesta poner límites desde la infancia?
Lo que empezó como un recurso en la infancia para que nos vieran, acabó siendo una obligación que solo sirve para la confrontación. Este desafío de poner límites en altas capacidades es una de las luchas más comunes.
Tu valor no se mide por lo que das: el empoderamiento para saber decir NO


